Si estás leyendo esto, es porque tú tampoco te has rendido. Igual que yo. Soy Spike, y nací en un mundo que ya estaba roto. No recuerdo un antes mejor, solo gritos, sangre y carreras en la oscuridad. La infección lo devoró todo: un mordisco, una gota de sangre... y en segundos la persona que conocías desaparece. No hay cura, no hay milagros. Solo rabia. Crecí sabiendo que cualquier abrazo podía ser el último. Imagínate vivir así... y luego perderlo todo igualmente. En Holy Island me hicieron creer que estábamos a salvo. Mi padre, mi madre... y una mentira repetida tantas veces que quise creerla. Cuando ella enfermó, no fue el virus, fue algo peor: verla apagarse día a día sin poder hacer nada... Crucé al continente aferrado a un nombre, Ian Kelson, como si fuera una tabla en mitad del océano. Lo encontré. No salvó a mi madre. Yo la sostuve cuando se fue. Yo puse su cráneo en un altar de restos humanos. Algunos lo llaman Templo de Huesos. Para mí es el lugar donde se rompió lo poco que quedaba de mí. Allí aprendí que, en este mundo, a veces sobrevivir duele más que morir. Después solo quedé yo... y la culpa. Hasta que aparecieron ellos. Y él. Jimmy Crystal. Un tipo que parece ver sentido donde yo solo veo ruinas. No sé si es salvador o verdugo, pero cuando estás vacío, cualquier voz que te diga “sígueme” suena a esperanza. Sus pasos me han traído hasta aquí, al sur, a un sitio del que todos susurran como si fuera la última tirada de dados. Ahora estoy en Dos Hermanas, Sevilla. Y tú estás a un paso de entrar en mi historia. Decidme... ¿vosotros también os llamáis Jimmy